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El último juego de Yugoslavia

El retiro de figuras como Luka Modrić, Edin Džeko e Ivan Perišić pondrá fin al último vínculo vivo entre un país desaparecido y una tradición futbolística que sobrevivió a la guerra, la fragmentación y el paso del tiempo.

Por Danilo Olivares Vera – cientista político


Italia 1990 fue el último mundial que Yugoslavia jugó como país unificado. Hoy, más de tres décadas después, ese país desaparecido se resiste a la extinción futbolística y juega sus últimos minutos en el Mundial de México, Canadá y Estados Unidos en los pies de hombres nacidos en lo que alguna vez fue uno de los estados más grandes de los Balcanes. Figuras como Luka Modric, Edin Dzeko, Ivan Perisic, Ante Budimir y Andrej Kramaric son probablemente la última generación que alcanzó a nacer bajo una bandera que ya no existe.

Antes de su fragmentación, Yugoslavia era una nación próspera y estable, que logró hacerle frente tanto al socialismo de la URSS como al capitalismo de Occidente. Lo hizo instalando un “modelo propio”, como lo afirmada su principal líder Josip Broz Tito, quien gobernó el país hasta 1980, año que falleció.

Sobre la conformación, auge y caída de Yugoslavia se podrían dedicar muchos más libros y capítulos, pero aquí se hablará de una fijación personal: la huella que este país dejó en el ámbito futbolístico. Su primera irrupción ocurrió en 1930, en el primer Mundial organizado por la FIFA en Uruguay. En un torneo donde todo estaba por escribirse, los yugoslavos sorprendieron al derrotar a Brasil y clasificar hasta las semifinales, instalándose entre las cuatro mejores selecciones del planeta. Aquella actuación inauguró una tradición de buen fútbol que se extendería por las siguientes seis décadas.

Durante los años cincuenta y sesenta, Yugoslavia consolidó su prestigio internacional. Las clasificaciones consecutivas a los Mundiales de 1950, 1954 y 1958 confirmaron que no se trataba de una aparición circunstancial, sino de una potencia emergente. El punto más alto  llegó en Chile 1962, cuando alcanzó nuevamente las semifinales tras eliminar a Alemania Occidental en los cuartos de final. Aunque finalmente terminó en la cuarta posición luego de perder contra Chile, el mundo comenzó a identificar al fútbol yugoslavo como uno de los más elegantes y técnicamente refinados de Europa.

Los años setenta y ochenta mantuvieron viva esa tradición. Yugoslavia siguió siendo un participante habitual en las grandes citas internacionales y continuó produciendo futbolistas de gran  calidad. Sin embargo, fue en el Mundial de Italia 1990 cuando el país  presentó una generación que es considerada por muchos especialistas como una de las más talentosas de su historia. Liderados por Dragan Stojković, Robert Prosinečki, Dejan Savićević y Darko Pančev, los yugoslavos desplegaron un fútbol de enorme riqueza técnica y alcanzaron los cuartos de final, donde fueron eliminados por Argentina en una dramática definición por penales, luego de resistir gran parte del encuentro con un jugador menos.

Así, el destino del fútbol yugoslavo quedó inevitablemente ligado al de su propio país. A comienzos de la década de 1990, la desintegración de Yugoslavia dio paso a una serie de conflictos armados que transformaron para siempre la vida de millones de personas y fragmentaron una de las escuelas futbolísticas más admiradas del mundo. Entre quienes vivieron esa tragedia se encontraba un niño llamado Luka Modrić. Nacido en 1985 en la región de Zadar, cuando apenas tenía seis años sufrió la pérdida de su abuelo, quien fue asesinado cerca de su hogar, en la aldea de Modrici, por las fuerzas serbias. Posterior a eso, con su familia se vió obligado a abandonar su hogar y a refugiarse en hoteles destinados a desplazados por la guerra.
 
En medio de la incertidumbre, el fútbol se convirtió en su refugio: entre pasillos, estacionamientos y pequeños espacios improvisados comenzó a desarrollar el talento que, décadas más tarde, lo llevó a convertirse en capitán de Croacia, ganador del Balón de Oro y uno de los mediocampistas más importantes de la historia. Su trayectoria representa, quizás como ninguna otra, la capacidad del deporte para abrir caminos de esperanza incluso en los escenarios más devastadores.

Así, el Mundial de 2026, organizado por México, Canadá y Estados Unidos, marca mucho más que una nueva edición de la máxima cita del fútbol. Será el último Mundial en el que veremos competir a futbolistas nacidos en la antigua República Federativa Socialista de Yugoslavia antes de su disolución en 1992. Con su retiro de la escena mundialista también se extinguirá el último vínculo vivo entre aquella nación que alguna vez maravilló al mundo por su talento futbolístico y las selecciones que heredaron su legado.

La figura más emblemática de esta despedida es, sin duda, Modrić, quien se ha convertido en un símbolo de resiliencia tras sobrevivir a la guerra y en uno de los mediocampistas más extraordinarios de su generación. Junto a él aparecen otros nombres que crecieron bajo una misma bandera antes de que la historia cambiara su destino: Edin Džeko, nacido en Sarajevo en 1986 y máximo goleador histórico de Bosnia y Herzegovina; Ivan Perišić, nacido en Split en 1989, protagonista de la histórica campaña croata que culminó con el subcampeonato mundial en 2018; Ante Budimir, nacido en Zenica en 1991; y Andrej Kramarić, nacido en Zagreb ese mismo año. Todos ellos comparten una particularidad irrepetible: nacieron en un país que ya no existe, pero construyeron sus carreras representando a las naciones surgidas tras su fragmentación.

Dentro de pocos días, cuando se toque el silbato final del Mundial, se marcará también el cierre de las trayectorias de los hijos de Yugoslavia. Será entonces cuando nazca, inevitablemente, la eterna  pregunta de hasta dónde habría llegado la selección yugoslava de haber seguido existiendo el país. Para muchos, la respuesta permanecerá para siempre en el imaginario de “qué hubiera pasado sí…”.

Y cuando suene ese pitazo, será también el fin de un capítulo que une la memoria de un país desaparecido con algunas de las historias más brillantes y conmovedoras que ha dejado el fútbol, internacional.

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