El uso de memes y contenido generado con inteligencia artificial está transformando la propaganda del conflicto entre Estados Unidos e Irán en un fenómeno viral, donde el objetivo ya no es solo convencer, sino captar la atención y viralizarse en redes. Esta nueva estrategia, que adopta códigos propios de internet como el humor y la ironía, redefine la forma en que se comunica la violencia.
Por Judith Herrera Cabello
Hace unas semanas, la Casa Blanca publicó en su cuenta oficial de X un video titulado “UNDEFEATED” que mezcla imágenes de bombardeos reales sobre Irán con estética de videojuegos, referencias a Iron Man y códigos visuales de Call of Duty. En horas tenía millones de visualizaciones.
Desde Irán, el grupo propagandístico “Explosive News Team” ha lanzado videos generados con inteligencia artificial con estética Lego representando a Trump como un pedófilo sediento de guerra, acompañados de canciones rap que lo llamaban “LOSER”. Las publicaciones se ha vuelto populares y altamente compartidas.
¡Bienvenidos a la era de la guerra con shitposting! Una donde los países no solo están peleando con misiles, sino con memes y contenido generado por IA diseñado para viralizarse. Lo que preocupa no es que ambos bandos estén utilizando propaganda, táctica tan antigua como la idea de guerra, sino que adoptaran los códigos estéticos y comunicativos más caóticos de internet.
Son varios los medios y agencias internacionales que están reporteando esta estrategia como una operación para hacer la guerra “visualmente atractiva” mediante referencias a cultura pop, videojuegos y entretenimiento. El tema es este: cuando una institución pública comunica la guerra con montaje irónicos, iconografía gamer y tono celebratorio, no se trata solo de una adaptación a las nuevas generaciones, sino que mueve la brújula moral sobre cómo se informa la guerra para dejarla como un espectáculo irónico, como un contenido viralizable.
Si hace más de 80 años lo que motivaba la propaganda era la intención de hacer creer a la gente en algo, ahora es su poder de querer ser la persona a la que “menos le importa”.
“Estamos frente a un nuevo elemento de las guerras modernas”, plantea Samuel Fernández, consejero del Centro de Estudios en Política Internacional de la U. Central, quien dice que se trata de “un arma muy poderosa que no se sabe cómo está funcionando. Se sabe que es utilizada y que ahora está en una campaña internacional en algo tan serio como puede ser una guerra”.
De ser edgy en internet a ser arma de guerra
El shitposting nació a fines de los 2000 en foros para describir contenido basura como lo que se podía encontrar en 4chan o Reddit. Era un término despectivo que se refería al contenido digital sin contexto de muy baja calidad, pero ha ido mutando y hoy describe un comportamiento digital que consiste en compartir imágenes, videos o textos que no aportan nada, están mal construidos o son feos, pero que se hacen intencionalmente para llamar la atención o hacer reír.
El problema es que lo que antes era provocación adolescente en internet, ser edgy, ahora es estrategia oficial de superpotencias.
¿Por qué funciona? La primera razón es evidente: el poder de retener la atención. Ahora lo que vende y gana es el dominio del algoritmo, más allá de comunicados y conferencias de prensa. Un meme bien ejecutado puede alcanzar a millones de personas en horas sin gastar un peso en publicidad y sin necesidad de cientos de palabras.
En los años 2000, cuando comenzó la Guerra de Irak y la Invasión a Afganistán, el internet estaba recién masificándose. Décadas después, en la actualidad, el contenido se genera a un ritmo exorbitante y donde convivimos más con bots que con otros usuarios, porque el objetivo es estar conectado, consumiendo información y anuncios.
Bajo esta saturación, ¿cómo logra un país capturar la atención? Adoptando las mismas tácticas de los creadores de contenido: shock, humor, referencias culturales compartidas, y estética llamativa.
Eso sí, en esta nueva guerra, las estrategias son distintas: si bien ambos países están usando shitposting, no es de la misma manera.
La propaganda iraní con videos Lego y canciones rap está estudiando a la audiencia estadounidense, usando un lenguaje que sabe que entenderán, por algo las reiteradas alusiones al caso Epstein. Mientras, la Casa Blanca publica memes aburridos y añejados, hablando a una base cada vez más reducida de seguidores.
“Irán sabe y se ha preparado sobre todas las fortalezas y debilidades que presenta Estados Unidos. En este caso está atacando a lo que hace mucho tiempo se discute, que son las relaciones internas, en el caso Epstein, con todos los políticos principales de Estados Unidos. Aquí no es solamente Trump que puede ser atacado, están todos los políticos de alguna manera involucrados en un caso que ha sido muy escandaloso y que para ellos tiene un significado muy especial”, explica Fernández, quien fue embajador de Chile en Egipto.
Pero hacer de la guerra un meme la vuelve una estética, la aleja de la tragedia. Cuando ves bombardeos presentados con la misma estética que un gameplay de Call of Duty, algo fundamental cambia en tu relación con esa violencia. Se vuelve contenido tan viralizable como cualquier shitposting.
Para entender la popularidad del shitposting, debemos comprender los malestares generacionales de las generaciones más jóvenes, pero ya activas laboralmente: millennials y zoomers, que enfrentan uno de los mundos más caóticos que se ha visto en siglos. La ironía se transforma en escudo y arma arrojadiza para afrontar la ansiedad frente a un futuro incierto, ante el absurdo escenario político y la autodestrucción ecológica.
Pero la ironía también es camuflaje: cuando todo es una broma, nada puede herirte. Cuando todo es sarcasmo, nunca tienes que comprometerte con algo. Nada importa lo suficiente bajo una era tan nihilista.
Y es eso, precisamente, lo que hace peligroso al shitposting como herramienta propagandística. La preocupación es qué significa que nos estemos acostumbrando a consumir violencia con la misma actitud con la que miramos memes.
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