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Entre la aguja y el bisturí: el silencioso mundo de los tratamientos estéticos en hombres

Cada vez más hombres recurren a cirugías para enfrentar inseguridades que han marcado su relación con el propio cuerpo, en un contexto donde los mandatos tradicionales de la masculinidad siguen castigando la vulnerabilidad. Entre el tabú y la presión de nuevos ideales físicos amplificados por redes sociales, especialistas advierten que estas decisiones revelan tensiones profundas entre autopercepción, género y salud mental.

Por Ita Contreras, Javiera Dinamarca, Isidora Ortiz y Antonia Soto


Hoy, a sus 28 años, Christóbal Sánchez recuerda que durante su adolescencia caminaba inseguro, con la mirada clavada en el suelo y los hombros encorvados, como si ese gesto pudiera disimular lo que veía en su cuerpo cada vez que se miraba al espejo. “Me salió un poco de joroba, solo para que no se me notaran las pechugas”, relata.

En su caso, y como el de muchos otros, este malestar no quedó solo en el plano emocional. Con el paso del tiempo, se transformó en la decisión de someterse a una cirugía estética, no por una indicación médica, sino como una forma de enfrentar una inseguridad corporal persistente que marcó años importantes de su vida.

Durante los últimos años ha habido un incremento en los procedimientos de cirugías estéticas. Según la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS, por su sigla en inglés), en 2024 se realizaron alrededor de 17 millones de cirugías de esta categoría a nivel global, un incremento cercano a 600 mil intervenciones desde 2023.

Este fenómeno es más visible entre mujeres, lo que responde a una presión histórica que enfoca la expectativa sociocultural de su género en la apariencia. Hay una configuración social en el que un hombre se cuide o muestre preocupación por su físico sea visto como algo femenino, con una connotación no necesariamente positiva, explica la socióloga Amparo Feller, coordinadora del Observatorio de Desigualdades de la Escuela de Sociología de la Universidad Diego Portales.

Muchas veces se oculta bajo el peso del tabú y el género masculino no está exento de exigencias. Los hombres se enfrentan a estándares de belleza ligados a la idea de masculinidad que influyen en la percepción de su propio cuerpo. Sin embargo, es importante entender la complejidad del estereotipo o ideal de masculinidad,  como una “configuración o una intersección de muchas expectativas sociales”, explica la socióloga.

Feller ejemplifica el fenómeno a través de Andrew Tate, el influencer británico-estadounidense conocido por autoproclamarse misógino y quien destaca por tener una corporalidad grande y musculosa. “En redes sociales, se posicionan en el espacio público a figuras que tienen un tipo de corporalidades muy específicas y que comandan algo. Este tipo de representaciones de la masculinidad genera físicamente que quienes estén consumiendo —que en general pueden ser hombres jóvenes— sientan más proyectadas sus vulnerabilidades porque es aquello que ellos no tienen y que es muy difícil de cumplir”.

Esto coincide con las observaciones del psicólogo Sebastián Rodríguez, especialista en masculinidades, quien explica que hay pacientes que  constantemente están mirando y se están comparando con referentes que aparecen en Instagram o en otras aplicaciones que los hacen ambicionar parecerse a ciertos patrones estéticos que no son los suyos.

Las preocupaciones por llegar a estos ideales suelen estar condicionados por la vergüenza o el ideal de lo viril, explica Rodriguez, refiriéndose a las operaciones estéticas: “Es un secreto que los hombres guardan bajo siete llaves. He acompañado a chicos en operaciones en que incluso el papá no sabe, ni los hermanos saben, solo la mamá. Inventan y mienten, es una cosa muy secreta”.

Según datos registrados por la Sociedad Chilena de Cirugía Plástica, en el año 2018 se realizaron entre 5 y 6 mil cirugías estéticas masculinas en el país. Alex Eulufí, cirujano plástico de la clínica Lo Arcaya, comenta que, hoy en día, operar a un hombre no es poco común.

Sin embargo, para Eulufi, antes de realizar cualquier intervención, existe una instancia de entrevista que va de los 45 a 75 minutos para establecer una relación entre médico-paciente. En estas ocasiones, comenta el doctor, es común la  aparición de “alteraciones” en la percepción de pacientes o “dismorfofobia”. Por ejemplo, pacientes que se han operado múltiples veces con distintos profesionales y buenos resultados en cada operación, pero que vienen a buscar otra intervención en una zona anatómica distinta. Así, como casos en que se buscan resultados de fotografías o intervenciones que superan la magnitud del aspecto a corregir, como el caso de buscar un lifting facial para corregir líneas de expresión. En estas situaciones, Eulufi declara que como profesional “debe saber filtrar”, para evitar daños y conflictos.

Entre las cirugías más comunes a las que recurren los varones se encuentran la liposucción, procedimiento destinado a eliminar grasa localizada; la blefaroplastia, cirugía de párpados que elimina el exceso de piel, músculo y grasa, con un propósito tanto estético como funcional, ya que rejuvenece la mirada y puede mejorar la visión; y la ginecomastia. Este último procedimiento busca reducir el tejido graso localizado en la zona pectoral o mamaria.

Esta realidad se refleja en el caso de Christóbal Sánchez, de 28 años, quien decidió someterse a una ginecomastia para eliminar una incomodidad presente desde su infancia: bulto mamario.

Christóbal enfatiza que existe una profunda relación entre el aspecto físico y el equilibrio psicológico. Un aspecto que Rodríguez comparte desde su experiencia como psicólogo, y que durante la adolescencia de Christobal, esta tensión se intensificó, al punto de afectar su postura y su relación con el propio cuerpo.  “En la media me di cuenta de que tenía dismorfia corporal. Andaba encorvado todo el día, hasta me salió un poco de joroba, solo para que no se me notaran las pechugas”, recuerda el joven de 28 años.

En este sentido, Rodríguez sostiene que procedimientos como la ginecomastia pueden constituir una intervención significativa, ya que “les puede cambiar la vida” a quienes experimentan malestar profundo asociado a su imagen corporal.

Si bien no implica un diagnóstico, su vivencia se aproxima a lo que clínicamente se ha descrito como trastorno dismórfico corporal (TDC), una alteración patológica en la que una persona desarrolla una preocupación excesiva por supuestos “defectos” en su apariencia. Estos rasgos pueden ser percibidos de manera exagerada y/o distorsionada, lo que puede provocar altos niveles de estrés y ansiedad.

Las intervenciones estéticas no solo se vinculan con la autoestima, sino también con el intento de ajustarse a aquello que socialmente se considera aceptable. En este marco, el psicólogo señala que “socialmente la gordura es castigada, y los rasgos femeninos en un cuerpo masculino también lo son”, lo que empuja a muchos hombres a buscar la “corrección” de características que se alejan de los cánones de la masculinidad tradicional.

Sin embargo, estas tensiones suelen vivirse en silencio, ya que, como advierte el psicólogo, los hombres históricamente han tenido escasos espacios para hablar de su intimidad y de sus dificultades personales. Esta situación ha comenzado a transformarse con la apertura de nuevos espacios de expresión, como la terapia, grupos de apoyo y diversas instancias de encuentro, que permiten problematizar estas experiencias desde una dimensión más reflexiva.

Así lo demuestra la encuesta aplicada por Cleveland Clinic en 2025: el 52% de los hombres declaró haber sentido inseguridad por su apariencia “debido a presiones sociales o expectativas públicas” y el 47% se ha comparado con otras personas en internet.

Rodriguez plantea que, en ocasiones, es difícil poner en palabras ciertas tensiones internas e inseguridades con la identidad. “Hay ciertas cosas que son difíciles de significar. A veces uno cree que algo estético puede resolverlo”, explica Rodriguez.

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A pesar de que aún persisten ciertos estigmas y prejuicios hacia los hombres que se someten a cirugías estéticas, Christóbal ha notado una disminución de este tabú en su entorno. Este cambio ha sido clave para su decisión de someterse a procedimientos estéticos en su vida adulta. “Cada vez más personas se someten a intervenciones estéticas. En mi entorno, nadie me hizo comentarios sobre lo que había hecho, solo cuando era más joven; de adulto, nunca más escuché nada”, afirma.

Otro factor que consideran los consultantes aparte de la estética, es la estrategia. Otra cirugía popular entre el público masculino desde los 35 años es la blefaroplastia, que deja como resultado una mirada más “despierta y rejuvenecida”, el doctor Eulufí explica que los hombres que se realizan este procedimiento “se quieren mantener activos laboralmente hasta más viejos”.

El implante capilar, también ha ganado notoriedad, dicha intervención quirúrgica consiste en el trasplante de una o más unidades foliculares, usualmente en zonas con calvicie. Su creciente popularidad se debe a dos motivos: su accesibilidad y rapidez. Una percepción compartida por el doctor Humberto Gacitúa, quien indica que “es una cirugía ambulatoria y mínimamente invasiva”, y que de acuerdo con Eulufí, su precio es más o menos equivalente a un aumento mamario que es, dentro de las cirugías estéticas, una de las más baratas.

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El doctor Eulufi comenzó en el rubro de las cirugías plásticas a fines de los noventa, años en los que la “cirugía estética en hombres no existía, era rarísima”. La primera vez que comenzó a ver estas intervenciones entre hombres fue por el año 2005 aproximadamente, cuando quizás aparecía un hombre en busca de un cambio cada dos o tres meses.  A día de hoy, dos décadas más tarde, el cirujano comenta que alrededor del 15 o 20 por ciento de sus pacientes son hombres, número que respalda la ISAPS, los procedimientos realizados en hombres durante el 2024 aumentaron en un 6,3% en comparación con el año anterior, considerando sólo los procedimientos que se midieron de forma consistente entre ambos años. En cambio, la variación en procedimientos en mujeres decreció en un 3,4%. Aún así, las mujeres siguen representando la mayor población de pacientes de procedimientos estéticos quirúrgicos con un 83.9%, mientras que los hombres solo representan el 16.1%.

Esta diferencia se inserta en un marco cultural más amplio, donde los estándares de belleza operan de manera diferenciada según el género. En este sentido, la socióloga Feller advierte que “se promueven ideales que son muy difíciles de cumplir en muchos aspectos”, señalando que esta lógica podría reproducirse en los hombres de forma similar a lo que históricamente ha ocurrido con las mujeres, en relación a lo que implica ser hegemónicamente atractivo y socialmente aceptado.

Este reportaje fue desarrollado en el marco del curso Fuentes y documentación, del programa vespertino de Periodismo Usach, a cargo de la periodista y docente Amanda Marton.


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